Auge y caída de un banquero

Fuente: http://konzapata.com/2012/11/auge-y-caida-de-un-banquero

Carlos Bernárdez Lossada se debate entre la permanencia y la retirada. El hombre que derrotó y retiro a su suegro Vicente Lecuna del negocio bancario, está a punto de decirle adiós a sus casi 30 años de banquero. Una guerra financiera que dura ya año y medio no ha sido suficiente, sin embargo, para dejarlo en el suelo. Todavía conserva el humor y las ganas de seguir.

- La junta directiva del Banco de Venezuela es ilegal - ha dicho José Alvarez Stelling, su más enconado enemigo después de Orlando Castro.

Fue acusado de matón. Espía. De haber atentado contra su enemigo. De manejar una policía secreta. De recurrir a métodos nazistas. De ser un ogro. Un prepotente. Un oligarca. Un antidemocrático. Traicionero.

El ha dicho, sin embargo, que de lo único que no lo han acusado es de usar los resortes del poder, de recurrir a presiones políticas, porque sencillamente no dispone de ese mecanismo. "En cambio Orlando Castro sí, porque financia políticos, y Alvarez Stelling también, que ha conquistado cuotas de poder". Y de verdad, a Alvarez Stelling hasta el propio presidente de la República lo escucha.

Está vivo el recuerdo del 21 de s eptiembre de 1990, cuando un recurso de amparo - decidido de un día para otro por el juez Rafael Avila Vivas- declaró acciones de tesorería las que poseían las empresas del Grupo Financiero Banco de Venezuela, y hubo que suspender la asamblea.

La cara de Bernárdez Lossada enrojeció cuando una voz de mujer leía el escrito del tribunal. Los labios de Orlando Castro, su rival, palidecieron hasta el blanco del muerto, cuando el presidente del Banco resolvió suspender la asamblea de accionistas.

- En vista del recurso de amparo se suspende la asamblea.

Lo afirmó con tranquilidad, pero con los ojos llenos de fuego. Se levantó rápidamente y como una tromba, escoltado por Rafael Díaz Casanova, atravesó la sala semioscura donde se oían vivas en su apoyo e insultos contra Castro.

La guerra había comenzado cuando Castro compró las acciones del Grupo Mendoza. Castro solicito un director. Se lo negaron. Le dijeron que debía esperar.

Castro compró más acciones y en la medida en que lo hacía el director se alejaba más. Fueron a las negociaciones. Intentos inútiles. Llegó el día de la asamblea. Castro, según cuentan, le había prometido a Gustavo Marturet y a José Alvarez Stelling no entorpecer la realización de la misma, pero se reservó las acciones legales a tomar, por si acaso. La guerra continuó y se armaron los frentes. Buscó la salvación a través de la operación que convirtió al Grupo Polar y a la Sociedad Financiera Finalven en accionistas principales del Banco de Venezuela. Eso le costó la enemistad de Alvarez Stelling, quien terminó comprándole las acciones a Castro y ha jurado sacarlo de la presidencia del Banco. Las acciones de tesorería esperan por una decisión de la Corte Suprema de Justicia y esa misma sentencia decidirá si él se queda o no en la presidencia. Por los momentos, es muy alto su riesgo.
Un poema para Castro

En todo caso, aún le quedan muchas cosas por decir. El le compuso estos versos a Orlando Castro, para que no quepan dudas de lo que ha dicho en varias ocasiones. "Castro es un hombre que cae simpático y yo no le guardo rencor":

Me gusta el Banco Progreso
Y ser amigo de Orlando
Me encanta el cuánto hay pa'eso
Me encanta el crédito blando

A Carlos Bernárdez Lossada le hacía falta hablar. Descargarse para no pecar. O picar con algunas verdades. En muchas entrevistas concedidas entre 1990 y 1991 siempre cuidó de que no se le fuera la lengua. En esta ocasión, el banquero del banco centenario, revela los entretelones de la guerra que lo ha colocado al borde del abismo. Esto es lo que dicen algunos. Otros, en cambio, afirman que todavía hay Bernárdez Lossada para rato.

El está allí, en el corredor de su casa que compró hace algunos años en tres millones de bolívares, ubicada en El Pedregal, muy cerca de la de su amigo Marcel Granier.

A la piscina la cubre una malla que calienta el agua. Pedro, uno de sus menores hijos, se ha machucado un dedo con los escombros que removieron los albañiles que ampliaron la casa cuando nació Sol, la hija menor. Pedro llora y en la grabación pareciera que se ha acabado el mundo. "Carlos Alberto...", dice Marisol, su esposa, que aún conserva, en los aires de su figura, las señas de una chica muy tremenda. La hija mayor ha salido con el novio. El ha pedido una Pepsi ligera. En el almuerzo se ha comido casi toda la bandeja de pan y le ha puesto mantequilla a la crema de verduras. Los trofeos que ganó en su juventud en campeonatos de golf adornan el estudio. Allí aún se escuchan los versos que compuso a una de sus enamoradas. Marisol se pone celosa.

Nadie se puede querer
Como tú y yo nos queremos
Por eso los dos sabemos
Que somos un solo ser

Mi alma se siente vacía
Cuando no estás junto a mí
Quiero estar unido a ti
Quiero sentirte mía

Mi amor es tan verdadero
Tan profundo y tan sincero
Que ya eres parte de mí
Nadie puede tener
Nadie quiere a una mujer
Como te quiero yo a ti
La primera víctima de los cambios

- ¿Usted ha sido la primera víctima de los cambios que están ocurriendo en la Banca? Hay operaciones de control. Hay fusiones. Hay compras. Usted surge como el personaje más afectado hasta ahora.

- Por el hecho de ser el presidente del Banco de Venezuela y habiendo una lucha por su control, es lógico que la administración haya sentido una gran presión. Eso no significa que ninguno de nosotros sienta que no haya hecho más que cumplir con nuestra obligación. Estamos dispuestos a manejar la situación, y debemos garantizar que el Banco siga su curso institucional. El año pasado fue distinto, como ninguno otro, en el mercado bursátil venezolano. El movimiento se inició con la compra de las acciones del Banco de Venezuela, lo cual desató la espiral. Dentro de toda esa vorágine, el Banco de Venezuela, a pesar de estar en el ojo de la tormenta, tuvo el mayor crecimiento porcentual de los bancos grandes, aumentó sus utilidades y los accionistas se beneficiaron.
El mar está picado y llegaron los piratas

- Le pregunto de otra manera. Había una tormenta. El mar estaba picado. Usted era el capitán de uno de los barcos. LLegaron otros barcos, bien el del pirata o el del reino, que iban a abordar su barco. Después, el objetivo no era el barco sino su capitán. La lucha ya no es por el control del Banco de Venezuela sino porque usted abandone la presidencia.

- Se ha personalizado el asunto. Hay algo de eso. Y debe ser porque el capitán se opuso al abordaje.

- ¿Por qué se opuso desde el principio?

- Bueno, porque las circunstancias, tal como se presentaron, aconsejaban que cualquier persona, independientemente de quien fuera, que comprara un número importante de acciones, debía tener un conocimiento del Banco y el Banco de él, de manera de garantizar una relación fluida. Eso fue muy difícil de hacer porque se quisieron violentar las situaciones en el tiempo. Eso no parecía lo aconsejable. Solamente cuando se llegó a comprar el 20 por ciento del Banco, dijimos públicamente que cabía el derecho de tener acceso a la junta directiva. Pero el principio que habíamos mantenido era que una persona que comprara un paquete importante de acciones, no contaba con el acceso directo y, sobre todo, inmediato a la Junta.

- Usted siente que hay un fuego cruzado en la banca. Una guerra. Varias batallas.

- En la banca hay dos cosas que se están planteando: 1) El acceso de la banca extranjera y la apertura hacia la multibanca. Y 2) la necesidad de fortalecer el patrimonio. Todos estamos conscientes de que estamos perdiendo posición comparativa en términos internacionales por la devaluación del bolívar. Los patrimonios deben ser aumentados con los recursos que se generan internamente o con aportes de los accionistas. En este caso, creo que hay que buscar las dos vías. Hablar hoy de patrimonios de 7.500 millones de bolívares, que equivalen a menos de 150 millones de dólares, significa una cantidad muy pequeña. El Banco de Venezuela se fundó con un capital de ocho millones de bolívares y el presupuesto nacional era de 60 millones. De modo que el capital significaba más del 10 por ciento del presupuesto. Hoy que el presupuesto llega a casi 800.000 millones de bolívares, más de un 10 por ciento es hablar de casi 100.000 millones y a duras penas tenemos 7.000 millones.
Es necesario fortalecer el patrimonio de los bancos.

- ¿Quiere decir que esas han sido las causas que han originado todas estas operaciones de toma de control?

- No sé si fueron el origen. Pero en algunos casos, para poder ampliar los servicios, los acuerdos entre bancos van a ser indispensables para enfrentar la nueva situación. Inclusive, si hubiera o no apertura a la banca extranjera, es necesario de todas maneras el fortalecimiento patrimonial.
La traición del grupo Mendoza: pactos con el diablo
- La historia de los últimos acontecimientos comienza con un cinco por ciento que estaba en manos del Grupo Mendoza. Se cuenta que antes de venderlo en la Bolsa, antes de vendérselo a Orlando Castro, Mendoza se lo ofreció a la junta directiva del Banco de Venezuela. ¿Ustedes se negaron a comprarlo o le dijeron al Grupo Mendoza que esperase?

- El Grupo Mendoza había comprado el 10 por ciento en 1985. Fueron vendiendo las acciones y en 1990 poseían todavía un cinco por ciento. Trataron de negociar el lote con varios compradores potenciales. Era un momento difícil. Se estaba a comienzos de los años '90. Las tasas de interés habían superado los 40 puntos. Las empresas sufrían una gran presión porque habían disminuido sus ventas y subido sus costos. Entonces el mercado era el menos propicio para vender unas acciones. El único comprador fue al que finalmente le vendieron. Nosotros sabíamos de la venta y sabíamos que iba a ser un accionista incómodo.

- Pero hay la historia acerca de que ustedes le dijeron al Grupo Mendoza que buscaran conjuntamente otro comprador.

- Sí, pero ellos estaban muy presionados, muy interesados en hacer la operación. Temían que se les cayera. Por eso fue algo que se cerró en dos días. Como al precio que iban a vender era el mismo para quien fuera, por eso fue que en el fondo no se preocuparon mucho de quién era el comprador.

- Un precio bajísimo...

- Sobre todo visto ahora. Hoy ese paquete, a precio de Bolsa, vale 20 veces más: 4.000 millones y vendieron por 200 millones de bolívares.

- Ustedes no midieron la situación. Ese fue el primer error que cometieron. No haber comprado.

- Sin duda.

- Ahora, también se cuenta que existía un pacto entre la junta directiva del Banco y el Grupo Mendoza de canjear el paquete por acciones de Vencemos.

- Había efectivamente y no se llegó a finiquitar. Fue una razón importante para que más tarde no compráramos las acciones. Otra razón por la que no compramos, es que en la medida de lo posible uno debe propiciar que las acciones se negocien libremente. No se puede pretender acaparar todas las acciones, más si la empresa es Saica. Este es un pensamiento que estaba en el fondo de todos en el Banco. Pero a la luz de los acontecimientos ha resultado ser un error.

- El pacto fue roto por el Grupo Mendoza?

- Si se hubiese cumplido el pacto esas acciones no hubiesen ido al mercado.

Todo el banco por mis ahorros

- Siempre se dice que los administradores no invierten en sus empresas. Que no compran acciones en las empresas que administran. Usted nunca se planteó tener una posición más representativa que le hubiese otorgado un poder más importante.

- En el caso mío particular, todos mis ahorros los he invertido en acciones del Banco. Lo que pasa es que es un Banco muy grande y la capacidad de ahorro de los administradores es una cantidad muy pequeña.

- ¿Cuántas acciones tiene usted?

- Lo más que he llegado a tener son 32.000 acciones.

-¿Hoy cuántas tiene?

- Sobre la base de los acuerdos que se hicieron esas acciones pasaron a formar parte de los convenios que constituyeron el fideicomiso.

- Antes de que se diera ese convenio entre Polar, Finalven y el Banco de Venezuela, siempre se dijo que José Alvarez Stelling y ustedes negociaron esos mismos paquetes. Después, de un día para otro, resultó que hicieron el pacto con Finalven y Polar. Fernando Lauría dijo en una ocasión que usted traicionó a Alvarez Stelling, que rompió las conversaciones y de repente apareció el pacto con Finalven y Polar.
Alvarez Stelling quiso comprar barato
- No creo que Fernando Lauría haya dicho eso. Si lo hizo está equivocado en su apreciación. El no participo en las negociaciones y esa percepción que pueda tener de la operación es a través de lo que le haya dicho otra persona. Nosotros fuimos a hablar con Alvarez Stelling no sólo con claridad y transparencia, sino que además le explicamos (y esto no nos lo estaba pidiendo, pero se lo dijimos para que viera el negocio completo) todo lo que era el Banco de Venezuela, la Financiera y nuestras operaciones internacionales. Esas conversaciones comenzaron el 22 de septiembre, al día siguiente de la asamblea de accionistas que se tuvo que suspender. Conversamos hasta el 2 de noviembre de 1990. Estamos hablando de seis semanas de conversaciones. El esquema original era el de un canje de acciones con él y con el Banco Mercantil. Después dijo que estaba dispuesto a comprar pero no a vender acciones del Banco Consolidado. Empezamos a hablar de las condiciones, y no se hizo la operación porque las empresas propietarias de las acciones no podían venderlas al precio que él consideraba que podía pagar.

- ¿Cuánto quería pagar?

- Un precio que oscilaba entre 600 y 650 bolívares por acción.

- ¿Ustedes pedían cuánto?

- Un precio cercano al del mercado, pero tomando en cuenta todo lo que significaba hacer un negocio hacia el futuro, los administradores de esas compañías hubiesen estado dispuestos a vender por debajo del precio de Bolsa, tomando en cuenta esas circunstancias.

- ¿En ese momento cuál era el precio en Bolsa?

- Entre 1.200 y 1.300 bolívares.

- Y la rebaja llegaría hasta cuánto?

- A 1.000 se las hubiesen vendido. Esas acciones, junto a las de Castro, se meterían en un pote y de allí habría salido un precio promedio de 1.100 bolívares, más o menos. A ese precio él a su vez hubiese recomprado un 20 por ciento y el otro 30 por ciento pudo haberse colocado entre los accionistas. Esa era la idea original.

- ¿Por qué ofreció 650 si negociaba con Castro precios de más de 1.000 por el 20 por ciento?

- Su razonamiento era que para él comprar, el promedio no podía ser en definitiva mayor de 900 bolívares. El estaba comprando entre 1.200 y 1.300 a Castro, y otro el 30 por ciento debía estar a un precio de entre 600 y 650 bolívares para que con el 20 por ciento de Castro saliera un precio promedio de 900 bolívares. Cuando le planteamos que además no se quedara con un porcentaje de más del 10 por ciento, porque sumando el cuatro por ciento de su familia ya de por sí era el accionista más grande del Banco, dijo que no le interesaba el 10 por ciento, y que para eso le compraba el 20 por ciento a Castro, que fue en definitiva lo que hizo. Pero se lo compró a un precio mayor que el nuestro.

Las espaldas de mi enemigo

- Ellos dicen que estaban dispuestos a seguir negociando y usted a sus espaldas armó la operación con los accionistas del Banco Provincial.

- Alvarez Stelling obtuvo la opción de Castro el 12 de octubre. Y fue pasando el tiempo en distintas conversaciones con accionistas del Banco de Venezuela. Inclusive le ofreció a varios de ellos comprarles sus acciones. Porque hay que tomar en cuenta que la situación del Banco es distinta a la del Consolidado. En su Banco es él quien toma las decisiones porque es su dueño. En el Banco de Venezuela las decisiones son colegiadas. Entonces, cuando la operación se demora y la brecha de precios era muy grande, surgieron dos alternativas más: la de Bancor, BanCaracas, Banco Federal y Banco del Caribe; y la de los accionistas del Provincial. En una junta directiva estudiamos las tres alternativas, la de los cuatro bancos medianos, que además debían comprar las acciones de Castro; la de José Alvarez y la de los accionistas del Provincial. En esa reunión resolvimos que cada una de las tres era viable. Los cuatro bancos pequeños no pudieron comprar las acciones de Castro, aunque así lo querían, porque la opción era de José Alvarez. El viernes 2 de noviembre de 1990 hablamos con esos cuatro bancos, con José Alvarez y con la gente del Provincial. A José Alvarez le planteamos que comprara las de Castro y las empresas venderían a 1.000 por acción y "haces tu promedio y te quedas con el 10 por ciento". El dijo que no, pero que de todas maneras entendía que existía un compromiso y que no habláramos con más nadie. Yo dije que eso no era posible, que estábamos en una situación que se prolongaba por mes y medio y no se concretaba nada. Por tanto, habíamos iniciado otras conversaciones con gente interesada. Esta explicación demuestra que no hubo en ningún momento ninguna falta nuestra. Fue un problema de precio. Por supuesto, desde el punto de vista de Alvarez Stelling es completamente explicable que él quisiera hacer la operación en las mejores condiciones posibles. Lo que pasa es que las mejores condiciones posibles para él, no eran suficientes para los administradores de Fivenez, de la Arrendadora y del Banco Hipotecario. Ellos no estaban dispuestos a vender unas acciones por la mitad del precio de mercado.

- ¿Y cómo se acercaron Finalven y Polar al negocio?

- Fue una cuestión casual. En una comida, Gustavo Giménez Pocaterra me hizo el comentario de que cómo iban las cosas, que la empresa privada venezolana debía estar pendiente del caso, que había que defender las instituciones. Esa fue la primera conversación. De allí salió el negocio.

- ¿Usted agarró el comentario en el aire y lo llamó después?

- Sí. Lo llamé y hablé con él y después que los cuatro bancos no pudieron comprar las acciones de Castro porque no tenían la opción, y cuando José Alvarez no estuvo de acuerdo con el precio ni con el porcentaje, la alternativa era hacer la venta recíproca con los accionistas del Provincial a precio de Bolsa y simultáneamente una opción de recompra, que ya se ejecutó.

- ¿Polar arrastró a Finalven o Finalven se acercó sola?

- Nadie arrastró a nadie. Era un negocio sumamente atractivo.

- Polar debía buscar a su socio natural...

- Claro, son los accionistas del Provincial.

- ¿Qué papel jugó José María Nogueroles?

- La operación fue con los accionistas y no con el Provincial. Nogueroles vio con buenos ojos la operación por los beneficios que le reportaría a los accionistas del Provincial.

- Pero yo lo vi por esos días muy activo.

- Sí, se dio cuenta de que era un negocio importante, grande, y por ello había que verlo con mucha atención, como de hecho se hizo.
Lo de Castro y el Cartel de Medellín era público
- Después vino el episodio en que un diputado acusó a Orlando Castro de estar implicado con el Cartel de Medellín. Castro dijo que usted armó todo. Que tenía hasta una policía secreta. Usted nunca contestó a eso.

- Es que la acusación era tan absurda que no merecía ni siquiera una respuesta. Esa carta que sirve de base a la denuncia circulaba por Caracas desde hacía muchísimos meses. Centenares de personas la conocían. Nosotros no tuvimos nada que ver con la denuncia. Era evidente que si ya Castro había vendido las acciones la presión había disminuido. Pensábamos que las cosas estaban encaminadas mejor que antes. Por lo tanto no teníamos por qué hacer esa denuncia y no parecían lógicos los ataques de Castro a mí y a otras personas serias y honorables.

- A usted lo retó.

- Sí.

- ¿Nunca se sintió tentado a aceptar el reto?

- No. El reto era el de la prueba imposible. Pruebe que usted no hizo eso. Además, la forma virulenta y orquestada como se presentó la defensa, hacía ver que allí había un interés que iba más allá de un reto. La mejor respuesta fue nuestra actitud recta y ponderada.

- Ese episodio lo manejaron mejor que los primeros acontecimientos, en los que hicieron ver que Orlando Castro era la víctima y el hombre simpático.
El victimario se convirtió en víctima

- Sin duda que fue muy hábil. Tomó el lugar de la víctima cuando en realidad era el agresor. No puede ser víctima quien, además de todo, se ganó 3.000 millones de bolívares. Inició toda la operación y la planteó de manera agresiva. Nosotros fuimos demasiado pasivos por varios meses esperando que la cordura se impusiera. No fue así. Cada vez fue más violenta hasta que nos obligaron a defendemos de una manera clara y legal. Estimulamos que empresas vinculadas al Grupo y de accionistas distintos, como la Financiera y la Arrendadora, compraran acciones en el mercado. La misma asamblea de Fivenez en septiembre, donde estuvo la Comisión Nacional de Valores, resolvió de manera unánime el respaldo a la compra de acciones. Y la Comisión no dijo nada. Tal vez fue un error no haber actuado de una manera más enérgica desde el principio. Así como no pensábamos que la entrada del señor Castro o de otro accionista debía ser de manera violenta, también creíamos en la imparcialidad de la Comisión Nacional de Valores. Eso fue otro error.
La Comisión Nacional de Valores no ha sido imparcial

- ¿Cree que la Comisión ha sido imparcial?

- Por supuesto que no. Lo han demostrado hasta la saciedad. No es ningún secreto que por alguna razón que no llegamos a comprender se ha preferido, defender la posición del accionista agresor, en contra de los 7.000 accionistas que tenía el Banco. En la Comisión se han respaldado siempre los planteamientos de ese accionista agresor.

- ¿Habría soborno?

- Yo no he dicho eso. Lo que he dicho es que es una posición incomprensible de un organismo que está supuesto a ser imparcial.

- ¿Pero cree que ha habido dinero de por medio?

- Esa no es mi función. Mi función es que las cosas se hagan de manera correcta. Y en el caso de la Comisión nos extraña, porque ellos conocen muy bien al Banco de Venezuela, donde las cosas se hacen de manera transparente y se han hecho en los últimos 100 años. En los últimos meses hemos sido hostigados. Nos han llegado unos 200 ó 300 oficios de la Comisión, reclamando o pidiendo información, o tratando de anular operaciones, o buscando perentoriamente informaciones que nunca antes habían solicitado, presionando a la Bolsa para que anule operaciones, presionando a operadores para que también anulen operaciones legítimas. En los mismos libros de accionistas han anulado compulsivamente operaciones. Ha actuado, lamentablemente, de una forma poco equilibrada.

Alvarez Stelling se salpicó

- Lo de la acusación sobre narcotráfico no fue una forma de salpicar a Alvarez Stelling, quien fue el que le tendió la mano a Orlando Castro?

- Ni tenemos ni teníamos ningún interés en eso. Cuando nosotros dijimos que el Grupo Latinoamericana de Seguros había tenido apoyo del Banco Industrial, lo dijimos con pleno conocimiento. Sabíamos que era cierto. Hay otras informaciones que también fueron ciertas, como la que provocó la destitución del superintendente de seguros.

- El préstamo blando...

- El préstamo blando. Destituyeron al superintendente pero no pasó nada con el banco que dio el préstamo.

- Usted ha oído en alguna ocasión que pudo haber sido una campaña orquestada por la misma alianza Alvarez Stelling- Orlando Castro, un poco para terminar de desprestigiarlo a usted y lograr que la Comisión Nacional de Valores y la Corte Suprema de Justicia decidieran en contra del Banco de Venezuela lo de las acciones en tesorería.

- Hay esa especie. Es posible que lo hayan hecho ellos mismos como un mecanismo de autodefensa.

- ¿Qué les dijo el Presidente Pérez aquella vez que llamó a los banqueros más importantes del país a una reunión en Miraflores? Usted salió diciendo una cosa y Arturo Sosa otra. Dio la impresión de que habían estado en reuniones diferentes. Estaba en ebullición la acusación contra Orlando Castro sobre narcotráfico.

- Hablamos de varias cosas, pero la más importante era su preocupación por la situación que había tomado el caso Banco de Venezuela- Castro. Yo le aseguré que el Banco no tenía nada que ver con eso. A él le preocupaba que estas cosas repercutieran negativamente en el sector financiero.

- Después de eso se calmaron las aguas, después del regaño.

- El Presidente nos transmitió su preocupación.

- ¿Eso bastó para preocuparlos a ustedes también?

- La preocupación la teníamos todos, antes y después de la reunión, porque nadie puede creer que esa acusación podía traer algo positivo para el Banco de Venezuela. Lo que quisiera es que se llegara a un acuerdo racional entre los accionistas.

Cuando ruede mi cabeza

- ¿Y el acuerdo será sobre su cabeza?

- Eso no sería racional, aunque no depende de mí. Yo soy el presidente del Banco. Tengo 26 años ahí y seguiré mientras los accionistas así lo quieran. Tengo la responsabilidad de que el Banco siga marchando bien, mientras se resuelve el problema de los accionistas de la mejor forma. El equipo que existe en el Banco ha demostrado sobradamente que en momentos difíciles sigue funcionando eficientemente, captando clientes, gozando de la confianza del publico, aumentando los depósitos. Mi responsabilidad es estar al frente de ese equipo de casi 7.000 hombres y mujeres, independientemente de las circunstancias.

- ¿Y los administradores le son fieles a usted o al Banco?

- Los vicepresidentes que forman el Comité Ejecutivo tienen la responsabilidad del manejo diario. Es un equipo muy homogéneo, motivado por el Banco y por su futuro.

- ¿Son hombres suyos?

- Son hombres del Banco.

- Pero es gente de su confianza.

- Por supuesto. De confianza mutua.

- ¿Serían fieles ante una eventual defenestración suya? ¿Pudiera originarse una debacle gerencial?

- No creo que eso suceda. Sin embargo, tener 26 años trabajando en el Banco tiene un valor. Y que la gente confíe en el buen juicio como se ha manejado el Banco es importante. Lo que sí depende de mí es que el Banco siga funcionando eficientemente, independientemente de las circunstancias entre los accionistas.

- ¿Es cierto que Alvarez Stelling le ofreció la presidencia a un hombre que formó parte del equipo gerencial del Banco de Venezuela: Julio Santodomingo?

- Es cierto. Julio se retiró al llegar a los 65 años, que es la edad de jubilación obligatoria en el Banco. Le dijo a Alvarez Stelling que se había ido definitivamente del Banco y que no quería, ni podía estatutariamente, regresar. Que sabía que en el proceso se habían cometido muchos errores y que el principal que había cometido yo era "ser demasiado buena gente". Julio me conoce muy bien y le agradezco mucho el comentario. Es cierto que nos equivocamos muchas veces en este proceso, pero siempre de buena fe.
Alvarez Stelling era mi amigo

- Usted era muy amigo de Alvarez Stelling.

- Nuestras familias desde hace muchos años han sido amigas.

- Y la familia Stelling ha sido un accionista tradicional del Banco de Venezuela.

- Sí, como no.

- Y esa familia siempre le brindó a usted el respaldo en las asambleas de accionistas.

- Siempre, menos en la asamblea de enero de 1986 en la que se abstuvieron de votar. La accionista principal fue siempre una tía de José Alvarez, Margarita, quien lamentablemente falleció en noviembre. Era una mujer ejemplar, recta, sencilla, cariñosa.

- A raíz de estos acontecimientos da la impresión de que las relaciones personales no marchan bien entre usted y José Alvarez Stelling.

- Bueno, mira, como no se llegó al acuerdo con él por cuestión de precio, estoy seguro de que eso no le gustó y le achacó la culpa de la fallida operación no al precio bajo que fijó, sino a que nosotros habíamos preferido hacer el negocio con otros. Esa es su verdad y no quiere aceptar ninguna otra.

- Y ahora se odian.

- Yo no le guardo ningún rencor. Más bien hemos sido colegas por muchos años, con la diferencia de que él es dueño de su banco y yo soy administrador. El tiene dinero y poder político. Mi riqueza es tener la conciencia limpia.

- Pero no mantienen contacto alguno.

- Nos vemos ocasionalmente y nos hablamos de vez en cuando por teléfono. Cuando hubo la necesidad de suspender los dividendos y no se podían repartir las utilidades no distribuidas, unos 1.939 millones de bolívares, yo lo llamé y le expliqué la situación antes de que la junta tomara la decisión que iba a tomar. Yo lo he invitado en varias oportunidades directa e indirectamente para que venga a conocer más a fondo el Banco.

- Y aquella vez que estuvieron en Miraflores reunidos con el presidente Pérez, ¿se dijeron algo?

- Estuvimos conversando. Quedamos en reunimos todos posteriormente, pero él no asistió a la reunión.

- Al parecer nunca asiste. Ustedes lo invitan y él no asiste.

Alvarez Stelling no quiere hablar

- Yo he propiciado desde que José Alvarez compró las acciones reuniones con él y con los accionistas del Provincial. Inclusive días después de que él le compró a Castro le dije que era bueno que hiciéramos una reunión los accionistas del Provincial, nosotros y él. Dijo al principio que sí y al día siguiente llamó para decir que no era conveniente que nos reuniéramos todavía. El ha adoptado una posición al margen de lo que pasa en el Banco y eso no es bueno. El es un accionista muy importante. Debería estar más involucrado en lo que está pasando en el Banco.

- ¿No irá hasta que usted salga?

- No sé, eso se lo tendrías que preguntar a él.

- Pero usted ha oído eso, ¿no?

- Sí, claro que lo he oído, y me parece que es un reflejo de la rabia que él siente porque el negocio no se concretó. Espero que se le pase...

- No será que es un reflejo de la forma como él gobierna, de manera monárquica, como dicen...

- Es posible. Lo que pasa es que José tiene una posición distinta a la mía. El es el dueño de su banco y está acostumbrado a ser dueño. Yo soy gerente.

Más amigos y más enemigos

- ¿Cómo le ha afectado todo esto en lo personal? En la familia, con los amigos, los aliados y los enemigos. ¿Cómo ha podido llevar las tensiones con la familia? Si ahora hay más amigos o más enemigos. Si se alejaron los aliados.

- En circunstancias como éstas uno vive una serie de experiencias muy interesantes. El hecho de ver la actitud de las personas en momentos difíciles. Por ejemplo, cómo reaccionaron algunos accionistas cuando el precio de las acciones subió de quinientos a mil y a dos mil bolívares. Hizo que algunos de los otros directores del Banco prefirieran separarse y vender las acciones e irse aunque tuvieran muchos años en el Banco. Yo no siento que en el Banco he perdido ningún amigo, porque quienes ya no están en el Banco no están por su voluntad, no tienen nada que ver con la amistad. Considero que tengo muchos y muy buenos amigos dentro y fuera del Banco, y que lo siguen siendo, y que ven en la amistad algo más que el interés. De eso me puedo vanagloriar. Soy una persona que tengo más de un puñado de amigos y eso es bien difícil. Conocidos hay muchos. Hay personas que critican por qué no le compramos las acciones a Mendoza o por qué no dejamos que entrara Castro y se hubiera acabado el problema. Nosotros teníamos una situación a enfrentar que significaba un cambio radical en el Banco que no podíamos aceptar, y menos impuesto sobre la base de una presión pública. El Banco es más que una compañía. Es una institución. Y lo seguirá siendo. Las lealtades a veces flaquean cuando las circunstancias son difíciles. Sin duda que he sufrido algunas desilusiones con la actitud de algunas personas que yo creía que eran mis amigos. Otros no tenían por el Banco un verdadero sentido de permanencia, tal como sí lo han demostrado los que hoy forman el corazón del Banco.

- En este proceso se desataron muchas pasiones y una de ellas fue que las lealtades fueron vencidas por el dinero.

- Hubo mucho de eso. Bueno, una de las cosas que me achacan a mí, y creo que tienen razón quienes lo dicen, es que confío demasiado en las personas. Por eso cuando uno cree que la gente es básicamente buena y sana, a veces se lleva desilusiones. La política contraria creo que es mucho peor, que es desconfiar de todo el mundo. El que desconfía de todo el mundo no tiene vida. Está todo el tiempo viendo quién es el que lo va a fregar. No confía ni en su sombra. Yo prefiero partir de la base de que todo el mundo es bueno y honesto y equivocarme algunas veces.

-Y se equivocó esta vez.

- Sin duda. En este proceso me he equivocado muchas veces.

- ¿Cómo se sintió cuando en medio de este lío le nació una niña, Sol?

- Muy bien. En el lío anterior nació Pedro.

- Es decir, usted produce en los líos.

- Produzco todo tipo de cosas. ¿Verdad, Pedro?

-¿No se sintió nunca como el villano?

- No. Lo fundamental es sentirse uno tranquilo con su conciencia. Que uno está haciendo las cosas bien, y honradamente. Yo no he perdido ni un minuto de sueño por hacer las cosas de la manera como me las dicta mi conciencia. Ahora, estoy completamente de acuerdo con que dentro de la Venezuela de hoy en día, las cosas que uno hace de acuerdo con su conciencia a veces no parecen las más convenientes. Pero para mí el principio es muy importante, no la conveniencia.

Los cruzados y la santa alianza

- Usted tiene una alianza en contra. Una alianza importante integrada por los grupos Consolidado, Unión, Latinoamericana de Seguros y Vicente Lecuna. Además, en el Banco Unión también está David Brillembourg. El frente a vencer es fuerte.

- No creo que David Brillembourg forme parte de ese frente. Los demás son unos aliados de conveniencia. Yo creo que la gente del Banco Unión compró las acciones con el ánimo de hacer una inversión y también para apoyar a José Alvarez, quien los ayudo a ellos (Benacerraf y Salvatierra) a comprar las acciones de Hugo Brillembourg para controlar el Banco. David Brillembourg hizo una inversión distinta en el Banco Unión. David es un individuo muy hábil y tiene siempre una serie de negocios en ebullición.

- ¿Usted ha hablado con David Brillembourg?

- No, tengo tiempo que no lo veo. Siempre hemos tenido buenas relaciones con él. El único negocio que hicimos fue la venta de las acciones del Banco Hipotecario de Crédito Urbano que poseía el Banco de Venezuela. Fue un negocio muy claro. El ha cumplido siempre sus compromisos con nosotros.

- Se dice que a raíz de esa negociación hubo roces.

- No, la negociación con nosotros se prolongó durante un par de meses. Creímos que la mejor salida fue que David Brillembourg controlara el Banco y él ha venido cumpliendo sus obligaciones religiosamente.

- ¿Usted le ha pedido consejo a alguien en todo esto?

- Uno siempre le pide consejo a la gente que aprecia y tiene buen juicio. Son básicamente los amigos y algunas personas mayores que uno respeta.

El espía que pincha teléfonos

- Castro dijo que le tenían los teléfonos intervenidos. ¿A usted también?

- Aunque ése es un mal nacional, no le tenemos intervenidos teléfonos a nadie. Pero la experiencia sí nos ha dicho que todas las cosas que pasan en el Banco se saben.

- ¿Lo han espiado telefónicamente?

- Tengo absoluta certeza de que es así.

- ¿Por ejemplo?

- Muchas cosas que hemos hablado solamente por teléfono, inmediatamente se saben. Eso es lo que erróneamente se llama la necesidad de la información.

- ¿Y cómo se hicieron públicas esas cosas?

- A mí esa parte no me importa. Mientras uno esté haciendo las cosas claras y honestamente, el hecho de que se sepan o no se sepan es irrelevante. No tengo nada que ocultar como administrador del Banco. Ahí no hay negocios raros. Los administradores no se aprovechan de su condición. La gente del Banco trabaja a tiempo completo. No cumplen otras actividades. ¿Cuánta gente creería que todavía hoy yo debo la mitad de mi casa?

- ¿Esta ha sido su año más difícil?

- Sin duda ha sido uno de los más interesantes. Me ha puesto una serie de presiones y le he tenido que dedicar un tiempo a un conflicto que no quisiera tener. Me ha quitado tiempo útil para el Banco y mi familia. En los últimos tiempos se han introducido unas 16 demandas y acusaciones contra las empresas del Grupo. Solamente el manejo de esa serie de operaciones es un tiempo inútil.

- ¿Cómo ha hecho para no enloquecer?

- La naturaleza humana es sumamente adaptable a las circunstancias y si uno es una persona razonablemente equilibrada, se da cuenta de su verdadera realidad. Muchas veces las cosas son como son y no como uno quisiera que fueran. Entonces uno tiene que formar parte de esa realidad. Yo preferiría que no hubiera conflicto y poderle dedicar el tiempo completo al Banco en cosas positivas. Es una situación que no es grata pero hay que enfrentarla.

- ¿Qué lección le ha dejado esa situación no grata?

- Que el Banco de Venezuela es una tacita de plata muy codiciada y estamos en la obligación de que siga siendo así.

La presidencia y los conflictos

- Su presidencia comenzó con un conflicto y ha seguido ahora otro conflicto.

- Bueno, vale, ninguno de los conflictos ha sido propiciado por mí ni por la administración del Banco. Por ejemplo, si no hay un Vicente Lecuna hoy en el Banco es por decisión de él mismo, porque cuando salió de la junta y no quiso quedarse como consejero, en la asamblea que me apoyó para ese cargo yo propuse el nombramiento de su hijo como director. Sin embargo renuncio a los pocos meses por decisión de él. Ese conflicto se inicia por una posición inflexible de alguien que quiso luchar contra la corriente. Yo fui la persona que los accionistas escogieron para dirigir el Banco. Y asumí con pleno conocimiento lo que eso significaba, porque al fin y al cabo ese señor es abuelo de cuatro de mis hijos.

- ¿Se ha sentido como Remington Steele, con temple de acero?

- Me siento muy bien como soy.

- ¿Pero qué hizo, jugar más al golf?

- Es una situación distinta a la que uno está acostumbrado a vivir. Recuerdo cuando los pleitos con Lecuna, en momentos en que la cosa estaba más virulenta, un día nos llamó un juez. Estábamos los tres, solamente, en el tribunal. No nos había visto a ninguno de los dos y quería conocemos. Fuimos allá y Lecuna habló un rato largo. El juez se informaba. Al terminar, me preguntó qué tenía yo que decir. Contesté que solamente quería hacerle una pregunta al doctor Lecuna. Y le pregunté si él creía que yo era una persona honesta. Dijo que sí. Entonces le dije al juez que no tenía más nada que decir. Eso es lo que le da a uno tranquilidad, que aún en los momentos más difíciles quienes lo puedan adversar saben que uno es una persona decente. Que me puedo equivocar, que a veces soy inflexible y demasiado principista, es verdad. Pero prefiero eso que tener la flexibilidad que significa torcer los principios éticos y morales.

- ¿Cuál cree que va a ser su futuro?

- Tengo más de 30 años trabajando, de los cuales llevo 26 en el Banco. El futuro va a depender mucho de mí mismo. Soy un hombre razonablemente inteligente y trabajador. Creo firmemente en la responsabilidad social de las empresas con las asociaciones y las comunidades dentro de las cuales desarrollan sus actividades. Hay muchas cosas que están todavía por hacerse en Venezuela. Estoy seguro de que también me podría desempeñar muy bien en cualquier otra actividad que no fuera la bancaria.

- Llegará a jubilarse en el Banco?

- Mira, no pienso en eso a pesar de que el Banco cuenta con un plan de jubilación muy especial que consiste en la posibilidad del retiro al cumplir 25 años de actividad independientemente de la edad que uno tenga.

- Usted ya pasó.

- Pero eso no significa que vaya a ejercer ese derecho. A los 51 años uno está en la plenitud de sus facultades intelectuales.

No seré presidente de otro banco

- ¿Sería presidente de otro banco?

- No lo creo.

- A menos que fuera el Banco Central, ¿no?

- El Banco Central es un instituto fundamental para la buena marcha económica, financiera y monetaria del país, pero la estructura legal de su Directorio tiene un tinte político fundamental y yo no soy político. El BCV se ha manejado con mucha habilidad y prudencia en este proceso de ajuste, pero sigue habiendo una mayoría numérica del gobierno en su directorio. Ojalá que se pudiera modificar esta integración en la reforma que está planteada del BCV y así pudiera existir una verdadera independencia técnica en sus decisiones.

- ¿Si tuviera que dejar el Banco hoy a qué se dedicaría?

- No lo he pensado. La visión que uno tiene del mundo es la de la ventana por la que uno lo ve. Yo escogí ser banquero, nadie me obligó a ello y me ha gustado hacerlo. A veces me he sentido frustrado y en los últimos tiempos incomprendido hasta por mis propios colegas. He dicho verdades que no le han gustado a alguno de ellos. Yo en eso soy poco político. Pero me siento más que capaz para desarrollar cualquier otra actividad productiva en la que pueda aprovechar esa experiencia gerencial y esa madurez que he venido adquiriendo en el transcurso de los últimos 30 años.